viernes, 28 de agosto de 2020

MONASTERIO DE SANTA CATALINA

 

Monasterio de Santa Catalina: la joya colonial de Arequipa


Viajera sentada en monasterio de santa catalina



Historia del Monasterio de Santa Catalina

Muros azules del monasterio de santa catalinaLa historia del Monasterio de Santa Catalina se remonta al siglo XVI. Cuando los españoles ya estaban asentados en Perú, Francisco de Toledo visitó la ciudad de Arequipa y escuchó los deseos de sus pobladores, quienes pedían la creación de un lugar en el que las monjas pudieran realizar su trabajo y tener la vida religiosa que deseaban. Así, el virrey ordenó la construcción de un gran monasterio sin saber que, años más tarde, se convertiría en uno de los más importantes del país.

El 10 de septiembre de 1579, cuando la ciudad de Arequipa ni siquiera había cumplido 40 años desde su fundación, se inauguró el Monasterio de Santa Catalina, una auténtica joya de la arquitectura colonial que se mantiene en pie hasta nuestros días (a pesar de todos los terremotos que afectaron al edificio a lo largo de su historia) ¡y cuyas calles podrás recorrer a pie!

Las primeras monjas que habitaron aquí provenían de diferentes partes del país y diversas clases sociales: eran criollas, mestizas e incluso hijas de curacas, los jefes políticos del Imperio Inca, pero todas compartían una característica principal: contaban con la misma devoción religiosa.


Así, el Monasterio de Santa Catalina acogió durante años a cientos de monjas que vivían sin prácticamente ninguna conexión con el exterior hasta que, en 1970, decidieron abrirlo al público para que todos los turistas y ciudadanos de Arequipa pudieran conocer y disfrutar de este enigmático lugar.

Desde entonces, el Monasterio de Santa Catalina se ha convertido en una parada obligatoria para los turistas que llegan a la Ciudad Blanca y, desde hace unos años, este lugar es, junto con el Cañón del Colca, el destino turístico más visitado de Arequipa.

¿Qué encontrarás en el Monasterio de Santa Catalina? 

El Monasterio de Santa Catalina enamora a todo aquel que llega a visitarlo, ya que se trata de una construcción poco común y muy llamativa. En sus más de 20.000 metros cuadrados (sí, has leído bien, ¡el monasterio tiene más de 20.000 metros cuadrados!), encontrarás hasta 22 dependencias (tanto abiertas como cerradas), como el Patio del Silencio, el Claustro de los Naranjos o el Claustro Mayor, que durante el auge del monasterio eran utilizadas para diferentes fines y que ahora son accesibles para todos los públicos, como si de un museo a cielo abierto se tratara.

Una de las características más bonitas de la arquitectura del monasterio es el origen de los materiales con los que se levantaron sus muros. Para construir este lugar, los obreros utilizaron los famosos sillares blanco y rosado de la ciudad de Arequipa, provenientes de dos de sus principales volcanes: el Chachani y el Misti. Así, las técnicas de construcción traídas por los españoles se mezclaron con la piedra típica del lugar para crear una auténtica obra de arte de la arquitectura colonial de Perú.

Paseando por las calles del Monasterio de Santa Catalina te sentirás como si hubieras retrocedido varios siglos en el tiempo. El silencio que ocupa cada uno de sus rincones, los secretos que parecen guardar sus muros, los colores vivos de sus paredes, sus imperfectos arcos y bóvedas… todo lo que veas a tu alrededor te hará querer quedarte durante muchas horas en este lugar.

Asimismo, tienes que saber que en el ala norte del monasterio todavía conviven algunas monjas de clausura, por lo que no es extraño cruzarse con alguna religiosa durante la visita a este lugar.

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